
Las primeras caras que uno se encuentra al entrar al edificio de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación - LICCOM – es la de unos señores y señoras que “están ahí”, vaya uno a saber para qué, pero siempre están ahí como parte inherente al espacio, conocedores como nadie del lugar, habitantes.
Resulta gracioso e interesante comentar la imagen que de estos señores se hacen los estudiantes. Algunos piensan que están para servirnos, atendernos y solucionar los problemas existenciales que nos surgen en el transcurso de la carrera; otros creen que su función es abrir los salones y pasear por los pasillos cargando ese llavero grande y ruidoso; otros piensan que están para vigilarnos; otros simplemente saben que son trabajadores y están cumpliendo su función; pero también están aquellos otros que ni los ven.
El hecho es que muchas de estas creencias son reales, esos señores y señoras trabajan en la Licenciatura y son los responsables de que todo marche en orden, de que se cuiden las instalaciones, de que los y las estudiantes tengamos solución a nuestros problemas y de que podamos tener una orientación a la hora de transitar por ese inmenso mundo que es la Universidad. Pero sucede que rara vez escucho a los estudiantes hablar de estos señores, a menos que sea para quejarse y criticarlos de mil formas o, por el contrario, para comentar la suerte que tuvieron de que les solucionaran algo en el tiempo solicitado. Poco se sabe de su labor y su aporte a la Licenciatura, poco se los tiene en cuenta. Y qué es lo que hacen para que no sea así. Hasta qué punto se dan a conocer o buscan ser escuchados más allá de su labor puntual. ¿Qué formas o medios busca este grupo para hacer escuchar su voz? ¿Qué vías de comunicación utilizan? ¿Son efectivas? ¿Qué efecto tienen sus mensajes en la imagen que el resto de la gente de la Licenciatura tiene de ellos?
Surgen muchas preguntas en este sentido, que habilitan a reflexionar sobre la comunicación de cualquier colectivo o grupo social. Todos los grupos sociales, todos los colectivos tienen cosas que decir y comunicar a todo el resto del mundo, opiniones que brindar, propuestas que hacer, etc. Tal es el caso de este colectivo de “señores que están ahí” que, para su suerte o desgracia (dependiendo de cómo se lo tome), coexiste con muchos colectivos expertos en el plano de la expresión y la comunicación en una comunidad heterogénea y con amplia diversidad de roles. Deben tener muchas cosas interesantes para decir, ya sea sobre lo que acontece en el cotidiano devenir de la actividad en la LICCOM o de temas de actualidad que nos afectan a todos y a todas. Los estudiantes, por nuestro lado, tenemos espacios donde expresar nuestras opiniones y muchos, aunque seguramente no todos, los aprovechamos y trabajamos para que lo que decimos tenga llegada en el resto. ¿Sucede lo mismo con ellos? Los funcionarios tienen sus carteleras, que es su medio de difusión. Yo me pregunto cuántos sabemos que existen y, lo que es más importante aún, cuántos leemos lo que allí se publica. Da para pensar, ya que de nada sirve una voz si no es escuchada, queda flotando en el aire hasta perderse y desaparecer, inerte al no cumplir su fin, como si nunca hubiera sido evocada.